Giras y giras mientras perfumas diferentes mis días.
Vuelcas ilusión en la telaraña de mi ventana.
Porque es derramando el aliento
sobre mi colcha,
mientras susurras que hay otro mañana,
cuando intuyo un principio,
ése que me araña.
No permanecen sus dedos sobre mi vientre,
ni saben mis besos a los suyos,
pero me invaden sus caricias
dando nombre a mi soledad.
Giro la cabeza, como tú los días,
en busca de un tacto que me borre sus huellas.
No encuentro la firma de su risa,
sólo el llanto de los minutos,
y guardo las pistas que me alejan del silencio.

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