Luneando

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Sigue la luz que te inspira

martes, 24 de mayo de 2011

La ceguera de tu rostro

Miro a través de tus ojos y ya no hay luciérnagas.
Los destellos que endulzaban mis ayeres
se han apagado, se han dormido.
Ya no me reflejo en tus ojos,
ya no te encuentro,
ya no te conozco.
Busco y busco y sigo en silencio,
observo cómo observas 
y ya no te quiero.
 Buscaría palabras que volaran
poemas de bellas escenas,
pero la sencillez de mis versos
definen lo único que es cierto.
Porque eres de carne y hueso,
porque otros desbancaron 
los momentos a los que
ponías fecha, rostro. Momentos.
Porque ya no te siento.
Sonrío al recrearme en tus guiños,
a los que asiento ingenua de mi alma,
en los que me deshago entre halagos,
en los que equivoco respuestas.
Ya no eres el único, 
ni tampoco el primero,
sólo eres un reflejo del engaño
que ya ni siquiera duele. 
Ya no te odio, más bien te quiero,
se curaron las heridas que
crearon nuestro amor.


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