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jueves, 5 de mayo de 2011

Quiero otro mundo para mis hijos

El aplauso al asesinato es una de las mayores vergüenzas que me toca vivir como ser humano. La hipocresía de una sociedad que lucha por La Justicia partiendo del absurdo y el escándalo, alardeando de asesinar y torturar, no importa a quién ni por qué, no es el mundo al que deseo traer nuevas vidas. 
A lo largo de mis años he sentido vergüenza ajena y personal por demasiadas cosas, así como por pertenecer a demasiados colectivos. Desde mi género, pasando por mi generación, por mi ciudad de nacimiento o mi nacionalidad. De lo único que jamás he sentido vergüenza es de haber nacido en la familia que lo he hecho, ya que soy una privilegiada.
Sin embargo, me siento orgullosa de ser mujer por todos los logros, y los que nos faltan, a lo largo de nuestra discriminatoria historia; a mi generación le ha tocado sufrir el cambio intrínseco de un país que quiso recuperar lo que un sólo hombre le quitó a palos de ciego, en muchas ocasiones, y la confusión era necesaria. Aún así no salimos tan mal...muchos crecimos con inquietudes de cambio; lo de mi ciudad es de libro, ¡qué poco me identifico en tantas cosas, pero cómo la quiero y la echo de menos!; España es un adolescente en medio de un mundo de mayores que tiene mucho que aprender, pero su buena fe dará sus frutos tarde o temprano.
Pero yo me pregunto, ¿que nos salvará al ser humano? Todos coincidimos en repudiar el dolor, el daño, la muerte injustificada...pero aquí lanzo un grito a la ‘Justificación de la muerte’. No entraré en si me complace o no la muerte de Bin Laden, pero sí dictaminaré que estamos locos si vanagloriamos a nuestros gobernantes por jactarse de una muerte, si lo celebramos como si hubiéramos recuperado la dignidad y si admitimos que la lección que se dé a nuestros hijos sea...’Ojo por ojo, y diente por diente’.
De vergUenza y pérdida de dignidad. Cultivemos valores para transmitir a un mundo en peligro de extinción y centremos nuestros esfuerzos en cultivar vidas, no en quitarlas.


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