En días como hoy mastico pensando en cómo complico los fáciles días. La suerte, el valor de quién soy, se enfrenta al sol al que me encargo de robarle su luz. Por fin sonrío y dejo que marchen aquellos minutos que me confundían, en los que me sentía fantasma de mi propia realidad, en los que me compadecía para darle sentido a la obra que encuadernará mi muerte. Y es entonces cuando no comprendo por qué castigo las lunas que me acompañan por el simple, un extraño, placer que me impulsa a las nubes. Fijo mi mirada, inspiro con destreza, hondamente, estiro mi cuerpo hasta rozar las estrellas y moldeo unos labios que saludan mis cejas.

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