Incógnitas presentes en el espacio de tus oyuelos,
Extraños horizontes que te visten de jazmín
cuando en tu recuerdo te dibujas de amapola
y ensucias el mañana con vago desafío a la eternidad.
Envistes las certezas que te apresuran de menta
tras un orden hermanado a un sabor más dulce,
menos ácido.
Te bates entre éxtasis y cordura aflojado por
la lección de una vida cargada de soledad a pesar
de no haber tenido extenso silencio.
Ahí está el fruto de tu calma que reviste de azucena
un pálpito tenue, parecido al verdor apagado
de tus ojos encendidos por la llama del ayer.
Me preguntas si aún te creo y me ciego
ante los pasos que allanaron el volcán de nuestro camino.
Ojalá dejara de creerte, ojalá pudiera sacudir la arena
que encontró tu ausencia mientras más silencio
escupía en el retorno de tu ausencia.
Te creo mientras mis labios te confunden como
tus ojos confundieron mis pasos.

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